090909

Cuando estamos muy vinculadas con lo que vendemos y lo sentimos casi como nuestro “hijo”, se nos complica el momento de ponerle un valor. A veces el valor monetario no logra reflejar exactamente el precio real de nuestro trabajo emprendedor.

Dos situaciones son las que se presentan con mayor frecuencia: Los cobramos muy poco porque creemos que vamos a vender más o, porque nos da vergüenza cobrar lo que realmente sale, o la otra situación, es que creemos por el apego afectivo que tenemos hacia el mismo su valor es muy elevado y lo cobramos como tal.

En ambas situaciones, se nos presentan dificultades porque no alcanzamos a cubrir los costos de nuestro trabajo al despreciar su valor o lo sobrevaluamos y la venta es más reducida por este motivo.

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